sábado, 12 de noviembre de 2016

Fumo

Fumo porque no tengo tu boca. Aunque beber es también una opción alternativa.
¿O de verdad alguien cree que consumiendo ese líquido color caramelo vas a salir de mi cabeza? Puedo perder el equilibrio pero nunca la memoria.

La verdad es que intentar olvidar es la forma más tonta de recordarte para siempre.

Y yo cada día estoy más seguro de que la felicidad solo depende del paisaje, y que el paisaje que puede hacerme feliz, solo depende de vos.

Y nunca volvés.

¿Por qué volver si ya te has ido? Porque esa es otra manera de hacerme la contra.

Lo malo del cariño es que cuando te acostumbras a él, el amor parece demasiado redundante.

¿Cómo íbamos a desearnos si ya no sabíamos cómo insultarnos? E ignoramos a conciencia que el placer comenzaba en las rodillas. Que lamer más que un verbo era un idioma.
Y aprendimos a apagar las luces, pues cuando se conoce el camino del orgasmo, la rutina se hace cargo de recoger los gemidos.

Pero sin vos la rutina nunca es lo mismo que contigo.

Y creo que estoy viviendo demasiado rápido para morir demasiado joven, demasiado triste, para soñar contigo.
Y creo que me estoy queriendo demasiado poco, por quererte tanto.
Y fumando demasiado a pecho por no encontrarme con tus labios.

Y nunca volvés.

Y ya no sé del todo si aún tu risa es mi canción preferida. Las veces que te pienso riendo con otros firmo guerras nucleares en las veredas de los barrios donde vivís.
Porque yo nunca supe amar sin egoísmo, ni pude desear la felicidad en el otro si no era conmigo.

Si la guerra era tu nombre, cualquier paz era un campo de batallas.

Así de triste: como cuando descubrís que Papá Noel son tus padres. O cuando recibís un correo sin posdata.

Así me encuentro: como cuando se desvanece la cicatriz que te recuerda la infancia.
Como observar que en el banco donde nos dimos el primer beso han puesto una rotonda, para que gire sin sentido buscando un amor que se han llevado otros labios.

Así de estúpido: como decirle te quiero a un número que ya no existe. O hacer aviones de papel, por si venís y descubrís que ahora tengo miedo a volar.

Pero nunca volvés.
Y fumo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Pero todavía respiro

Dejé el celular cerca para ver si escribías. Caminé perdido en tu oscuridad. Por un tiempo tuve que dormir con la luz prendida. Dejé la puerta entreabierta, esperando que simplemente volvieras.
Estoy tejiendo una soga y quitando de mi mente los recuerdos que estorban.

Llamé tú atención, enviando todas las señales, pero el reloj no se detiene. 
Ya te esperé otras cincuenta y dos semanas. Es extraño como te conozco, pero no sé nada de vos. Seguís siendo único. Seguís teniendo todo de mi.


Prepará un discurso; decí algo divertido, decí algo dulce. Pero no digas que me amaste.

Pero todavía respiro, a pesar de todo lo que hemos sido. Estuvimos muertos por un tiempo. Esta enfermedad no tiene cura. Ahora estamos seguros: el uno del otro, el uno sin el otro. Ya caímos desde muy alto, perdimos el agarre. Mejor abandonar el barco.

Tal vez era demasiado feo. Tal vez estaba demasiado gordo. Tal vez querías algo mejor. Mejor suerte fuera del charco, de la educación no formal, de mis excesivos cuidados.

Juré de manera apresurada, pero lo juré: y me juraste no volver a mirarme, y también lo hice. Y lo hicimos por última vez.
Y a mi no me importó, porque estaba enamorado.

Así que mientras escribo esta carta y dejo en ella mi última lágrima, intento convencerme, como cada día, que esto es lo mejor. Que todo terminó en nosotros de la misma manera que comenzó hace un año. Que mañana todo vuelve a empezar.


Vamos a cerrar este capítulo.

Decí una última oración. Pero no digas que me amaste...

miércoles, 19 de octubre de 2016

Bad Romance

Todos tuvimos uno: ese que parecía perfecto, único e inigualable. Que nos prometió tanto, que no ilusionó otro poco, con quién nos cagabamos de risa y lloramos (en aquel momento, sólo de alegría).

Vendedores de humo, fabricantes de sueños, nubes sin agua doblemente muertos.
Nos alquilaron "la felicidad" a plazo fijo, para revocarnos el contrato sin previo aviso y cobrarnos intereses altísimos.
Cambiaron de la noche a la mañana, nos usaron, especularon con aquel sentimiento y se alimentaron de hasta de la última gota de nuestro ser. Pirañas emocionales.
Nos llevaron al cielo con sus palabras, nos instalaron en el paraíso de sus promesas... y un día simplemente nos dejaron caer...
No valían NADA. No eran tan importantes. No significaron tanto. Fueron la pulsión del momento y un gran lección para la vida.

La moneda sigue girando y yo estoy entero.