jueves, 20 de abril de 2017

La mejor del mundo

Te conozco hace 30 y pico de años, pero vos parece que me conocés hace mucho más.
Y entre tantas cosas que sé de vos, me di cuenta que sos un gran misterio.
Me gustan los misterios. Nací curioso y con la mente inquieta.

Dicen que los nenes de 4 años puede hacer hasta 400 preguntas por día. ¿Te aimaginás lo insoportable que debí haber sido?


Mis pies hace mucho han dejado de ir a buscarte. No porque no necesite tu ayuda o porque huyan de tu consejo, sino simplemente porque así paso… Supongo que crecer implica un poco también de eso.
Y aún así te sigo viendo parada esperándome cada día, como en la puerta del Jardín, cuando tenía 5 años; lista para mover el mundo a mi deseo.

Puedo describirte en mil formas y dibujarte con los ojos cerrados.
Te conozco, pero hoy muchas cosas de vos que no entiendo…

No entiendo como me bancaste tanto y tantas veces. Como te desvelaste por mí en las noches de fiebre y cómo supiste siempre qué era lo que iba a ser mejor. Invertiste tu tiempo, tus ganas y toda tu paciencia para enseñarme lo correcto, por eso te digo que no tengas miedo; yo crecía de tu mano.
No sé como sabés cuando necesito un abrazo. Ni descubrí como funciona tu corazón. Me gustaría saber dónde aprendiste las palabras justas que logran que se desvanezcan todas mi pesadillas.
No sé porque tu pelo es de un tono diferente todos los meses, para mí siempre vas a ser la más hermosa.
No sé que será lo que los demás notan en tus comidas ¿Qué es eso diferente y especial que ellos ven y que yo no logro percibir entre tantos sabores? Será que sin querer ya me acostumbre a tu magia.
Que te hace ponerte la misma ropa de hace 10 de años para que yo vaya bien vestido a todos lados. Y que te transforma en la artífice de mis caprichos, cuando no ya no hay razón para ello
No entiendo tu humor, como a veces no entendés el mío. Pero me convertiría en el mejor payaso para robarte esa sonrisa que hace que mi mundo siga girando.
No sé porque te seguís levantando a las 4 de la mañana para ver si duermo bien, si tengo calor o el aire está muy frío. Quizá por la costumbre de cambiarme el pañal, darme jarabe o ponerme el chupete, todo a oscuras y sin despertar a nadie.
Me impresiona tu esfuerzo diario, tu lucha constante, tus ganas de superarte. Me asombra tu constancia y me dá el mayor ejemplo de grandeza.

Yo sé que me amás. Y tu “te amo” es el más sincero que jamás voy a escuchar.
Pero sé que tu caricia y tu compañía todavía pueden ahuyentar mis peores fantasmas. Sé de tus lágrimas, y me siento responsable por más de una de ellas. Desde que llegué a este mundo te hago llorar y no prometo dejar de hacerlo, aunque trataré que sea de alegría y por las razones correctas.

Sé de tus soledades, y entiendo cuando no te entienden, porque a mi me pasa casi todo el tiempo. Conoces mis secretos, y no los decís porque asumís que son secretos. Gracias.

Sé de algunos de tus sueños para el mañana, y sé que la mayoría de ellos se resumen en mi felicidad. No te preocupes, te lo repito de nuevo; no te preocupes. Siempre que sepa que estás a mi lado, y que por más lejos que me vaya voy a tener una cama caliente y un beso sincero, para mí el resto no es importante.

Si naciera de nuevo, si tuviera otra vida, si hubiese al menos una posibilidad cósmica de cumplir un capricho a priori, ese sería sin duda que vos vuelvas a ser mi mamá.

Sos mucho. Para mí sos casi todo. Y sí… yo también te amo